Licencia para estar: el debate sobre el equilibrio entre la vida personal y laboral en Uruguay
Conocé qué propone el proyecto de licencia para asistir a actividades educativas en Uruguay, por qué abre una conversación más amplia sobre el equilibrio entre la vida personal y laboral y qué pueden hacer las empresas más allá de la normativa.
¿Qué encontrarás en esta nota?
- Qué propone el proyecto aprobado por el Senado uruguayo.
- Por qué la presencia de las familias en las actividades educativas importa.
- Qué diferencia existe entre contar con un permiso y poder utilizarlo sin culpa.
- Cómo pueden actuar las empresas mientras avanza la discusión legislativa.
- Qué medidas ayudan a contemplar distintas formas de trabajo y cuidado.
Ocho horas que abren una conversación mucho más grande
El 18 de agosto de 2026, el Senado uruguayo aprobó por unanimidad un proyecto de ley que busca otorgar a madres, padres, tutores y responsables hasta ocho horas remuneradas al año para asistir a actividades educativas de sus hijos o menores a cargo.
La iniciativa contempla a quienes tengan bajo su responsabilidad a niños, niñas y adolescentes que cursen educación inicial, primaria o media básica. Las horas podrían utilizarse para concurrir a talleres, reuniones de entrega de notas, actos escolares y otras actividades organizadas por los centros educativos.
El tiempo utilizado se consideraría como trabajado, por lo que no podría descontarse del salario ni afectar la licencia anual. Para acceder, la persona debería avisar a su empleador con al menos dos días hábiles de anticipación y presentar después un comprobante de asistencia emitido por el centro educativo.
El proyecto obtuvo media sanción y pasó a la Cámara de Diputados. Por lo tanto, todavía no es una ley vigente y debe continuar su trámite parlamentario.
Más allá de su recorrido legislativo, la propuesta pone sobre la mesa una pregunta relevante: ¿por qué algo tan cotidiano como asistir a una actividad escolar todavía puede resultar difícil para muchas familias?
Cuando pedir unas horas genera culpa
Un acto escolar, una reunión con docentes o una entrega de notas pueden ocupar apenas una parte de la jornada. Sin embargo, no todas las personas sienten que pueden pedir ese tiempo con tranquilidad.
En algunos lugares de trabajo, la solicitud puede recibir una mala cara, un comentario incómodo o una respuesta que hace sentir al trabajador que está fallando. También puede aparecer el temor a ser considerado menos comprometido, perder oportunidades o tener que compensar las horas de manera desproporcionada.
La dificultad, entonces, no siempre es la inexistencia de un permiso. A veces, el problema está en el costo profesional o emocional de utilizarlo.
Esta situación muestra que una política escrita no alcanza por sí sola. Si una persona tiene derecho a ausentarse, pero siente que hacerlo afectará su reputación dentro de la empresa, el permiso existe formalmente, aunque no pueda aprovecharse con libertad.
La cultura se vuelve visible en esas pequeñas respuestas: cómo reacciona un líder, qué comentarios circulan y si las reglas se aplican de la misma manera para todo el equipo.
¿Qué significa buscar un equilibrio entre la vida personal y laboral?
El equilibrio vida personal y laboral es la posibilidad de atender las responsabilidades del trabajo sin que estas desplacen permanentemente las necesidades personales y familiares.
No implica trabajar menos, abandonar tareas ni ausentarse sin coordinación. Significa establecer condiciones que permitan organizar el trabajo, anticipar coberturas y responder ante situaciones familiares sin enfrentar consecuencias injustas.
Para UNICEF, las políticas favorables a las familias deberían proporcionar tres recursos centrales: tiempo, apoyo económico y servicios. En una empresa, esto puede traducirse en permisos claros, flexibilidad horaria, beneficios y prácticas de liderazgo que reconozcan que los trabajadores también tienen responsabilidades fuera del empleo.
La conciliación de la vida familiar y laboral no debería entenderse como una concesión excepcional. Es una forma de organizar el trabajo teniendo en cuenta la realidad de las personas y, al mismo tiempo, las necesidades de la operación.
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La ley puede establecer un derecho, pero la cultura permite ejercerlo
Si el proyecto finalmente se convierte en ley, establecerá un marco común para que las personas comprendidas puedan asistir a determinadas actividades educativas. Sin embargo, la normativa no resolverá por sí sola todas las barreras relacionadas con el uso de ese tiempo.
Las empresas seguirán teniendo un papel fundamental. Serán los procesos internos y las conductas cotidianas los que determinarán si el permiso puede solicitarse con naturalidad o si continúa asociado a la culpa.
Esto no significa que las organizaciones deban ignorar las dificultades operativas que puede generar una ausencia. Significa que deberían contar con mecanismos para gestionarla: anticipar coberturas, distribuir tareas y definir canales de solicitud que no dependan exclusivamente de la voluntad del jefe directo.
La conversación, además, puede ir más allá del mínimo previsto por una norma. Cada empresa puede evaluar qué otras situaciones de cuidado necesitan sus trabajadores y qué alternativas son viables según su actividad.

El cuidado debe ser una responsabilidad compartida
Las necesidades familiares no desaparecen durante la jornada laboral. Acompañar a un hijo a una consulta médica, asistir a una reunión escolar o cuidar a un familiar también puede afectar la organización del trabajo.
Estas tareas, además, no se reparten de manera equitativa. Según UNICEF, en América Latina y el Caribe las mujeres todavía asumen una mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esta carga puede dificultar su permanencia en el mercado laboral y limitar sus oportunidades de crecimiento profesional.
Por eso, UNICEF propone avanzar hacia la corresponsabilidad de los cuidados. En términos sencillos, significa que cuidar no debería recaer únicamente en una persona ni considerarse un asunto que cada familia debe resolver sin apoyo.
También requiere involucrar a los hombres. Cuando los permisos o las medidas de flexibilidad se comunican únicamente a las madres, se refuerza la idea de que el cuidado les corresponde exclusivamente a ellas.
Las empresas pueden contribuir ofreciendo alternativas a madres, padres, tutores y otras personas responsables de familiares. Así, cuidar se convierte en una responsabilidad compartida y no en un obstáculo que cada trabajador debe resolver de forma individual.
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No todos los puestos necesitan la misma flexibilidad
Pensar en el equilibrio entre trabajo y vida personal únicamente desde el teletrabajo dejaría afuera a una parte importante de los equipos.
Quienes trabajan en comercios, plantas, centros de distribución, servicios de atención u otras tareas presenciales también necesitan posibilidades para atender responsabilidades familiares. Las medidas deben adaptarse a la realidad de cada función.
Algunas alternativas que las empresas pueden evaluar son:
- Permisos que puedan utilizarse por horas.
- Cambios de turno previamente coordinados.
- Horarios flexibles de ingreso o salida.
- Intercambios de jornada entre compañeros.
- Coberturas planificadas para determinadas ausencias.
- Trabajo remoto o híbrido cuando la función lo permita.
- Beneficios que acompañen las necesidades cotidianas de las familias.
No se trata de ofrecer exactamente la misma solución a todo el personal, sino de encontrar opciones justas y viables para diferentes formas de trabajo.
Cómo convertir una política en una práctica real
Para que una medida de conciliación funcione, debe ser fácil de comprender y utilizar. Estos son algunos puntos que las empresas pueden considerar:
1. Definir reglas claras
La política debe explicar quiénes pueden acceder, en qué situaciones, cómo se solicita el tiempo y qué documentación se necesita. Esto reduce la incertidumbre y evita decisiones arbitrarias.
2. Preparar a quienes lideran equipos
Los líderes deben conocer las reglas y responder con respeto. Una reacción culpabilizante puede desalentar el uso de una política, aunque la solicitud sea legítima.
3. Escuchar las necesidades reales
Encuestas, conversaciones y datos internos pueden ayudar a detectar qué situaciones generan más dificultades y qué alternativas serían verdaderamente útiles.
4. Planificar la operación
Contar con mecanismos de cobertura permite responder a las necesidades familiares sin trasladar toda la carga a otros integrantes del equipo.
5. Evaluar el uso y las barreras
Si nadie utiliza una política, no necesariamente significa que no sea necesaria. También puede indicar que las personas desconocen su existencia o temen posibles consecuencias.
Estar presente también forma parte del bienestar
El proyecto uruguayo pone nombre a una necesidad sencilla pero importante: disponer de tiempo para acompañar momentos familiares que no pueden repetirse.
Promover un mejor equilibrio entre la vida personal y laboral no implica desconocer las responsabilidades del trabajo. Implica organizarse para que cuidar o estar presente no sea interpretado como una falta de compromiso.
Las políticas de conciliación, el liderazgo y beneficios corporativos flexibles como los de Pluxee Uruguay pueden formar parte de una propuesta de valor que acompañe las distintas dimensiones de la vida de los trabajadores. Porque una empresa comprometida con el bienestar no solo habilita el permiso para estar: también crea las condiciones para utilizarlo sin culpa.
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