Por qué la falta de comunicación debilita los beneficios laborales

Colaboradores representando la falta de comunicación en el trabajo dentro de una empresa

Durante los últimos años, muchas empresas hicieron un esfuerzo genuino por ampliar su propuesta de beneficios corporativos para empleados. Sumaron nuevas soluciones, ajustaron presupuestos y buscaron responder a demandas cada vez más diversas de sus equipos.

Sin embargo, en la práctica, ese esfuerzo no siempre se traduce en impacto real. En muchos casos, la falta de comunicación interna termina opacando iniciativas que, en teoría, estaban pensadas para mejorar la experiencia de las personas.

Los beneficios existen, pero no se usan. Están disponibles, pero pasan desapercibidos. Forman parte del paquete, pero no de la experiencia cotidiana.

Y cuando eso ocurre, el problema no es solo simbólico. Un beneficio que no se entiende o no se vive es, en los hechos, una inversión que no genera retorno. Peor aún: puede volverse contraproducente, generando confusión, desinterés o una sensación silenciosa de “esto no es para mí”.

Tener beneficios no alcanza: importa cómo se viven

En el mundo laboral actual, el valor de un beneficio no está en su sola existencia, sino en cómo se integra a la vida real de las personas. Cuando hay falta de comunicación en el trabajo, incluso los mejores beneficios pierden sentido.

Si el colaborador no lo comprende, no sabe cuándo usarlo o no logra vincularlo con una necesidad concreta, el beneficio deja de cumplir su función. En ese escenario, los beneficios corporativos para empleados existen solo en el papel, pero no generan impacto real.

Este fenómeno aparece con más frecuencia de la que muchas organizaciones imaginan. Estudios sobre experiencia del colaborador desarrollados por Gallup muestran que una parte significativa de las personas no logra identificar con claridad el valor total de los beneficios que recibe. No porque no le importen, sino porque no están bien explicados, recordados o contextualizados.

En ese contexto, tener beneficios o no tenerlos empieza a parecer lo mismo.

El error más común: asumir que “si está, se entiende”

Muchas empresas creen que comunicar beneficios es una tarea sencilla: enviar un mail, subir un documento a la intranet o mencionarlo durante el onboarding. Con eso, el tema queda cerrado.

El problema es que informar no es lo mismo que hacer comprensible.

Un beneficio puede estar correctamente anunciado y, aun así, no ser entendido. Puede figurar en todos los canales formales y, sin embargo, no formar parte de la conversación cotidiana de los equipos. Cuando la comunicación se limita a un momento puntual, el mensaje se diluye rápido.

La consecuencia es clara: beneficios que nadie pregunta, nadie usa y nadie defiende.

Por qué la mala comunicación impacta más que la ausencia de beneficios

No tener un beneficio genera una expectativa clara: no está.

Tenerlo, pero no entenderlo, genera algo más complejo: frustración silenciosa.

Cuando la comunicación es confusa —o directamente inexistente— aparecen comparaciones innecesarias, dudas sobre a quién aplica el beneficio o percepciones de inequidad (“otros sí, yo no”). Estas sensaciones no siempre se expresan de forma directa, pero se acumulan y terminan afectando el clima interno.

Distintos informes de Deloitte sobre experiencia del colaborador advierten sobre esta brecha entre lo que la empresa cree que ofrece y lo que las personas perciben que reciben. En muchos casos, la falta de comunicación es el factor que transforma un buen beneficio en una fuente de desgaste.

 

 

¿Cómo comunicar de forma efectiva los beneficios laborales a los colaboradores?

 

 

Beneficios complejos, mensajes simples: una deuda pendiente

Muchos beneficios tienen un impacto real en la vida de las personas, pero se comunican con un lenguaje que no ayuda. Términos técnicos, explicaciones extensas o mensajes genéricos hacen que el valor se pierda en el camino.

Beneficios vinculados a educación, apoyo familiar, reconocimiento o bienestar financiero suelen ser altamente valorados cuando se entienden, pero pierden fuerza si no se traducen al día a día del colaborador.

El desafío no es simplificar el beneficio, sino simplificar el mensaje:

  • qué problema resuelve
  • cuándo usarlo
  • y por qué puede marcar una diferencia concreta

Cuando eso no ocurre, incluso las mejores iniciativas quedan subutilizadas.

El rol del liderazgo (no solo de RR.HH.)

La comunicación de beneficios no es responsabilidad exclusiva de Recursos Humanos. Los líderes juegan un rol clave como traductores —o distorsionadores— del mensaje.

Cuando un jefe directo no entiende bien un beneficio, difícilmente pueda explicarlo o recomendarlo. Y cuando eso sucede, el beneficio pierde legitimidad frente al equipo.

Investigaciones de PwC sobre confianza organizacional muestran que las personas tienden a confiar más en la información que reciben de sus líderes que en los canales institucionales. Por eso, si el liderazgo no está alineado, la comunicación se fragmenta y el impacto se diluye.

Buenas prácticas para comunicar beneficios sin generar frustración

Las organizaciones que logran que sus beneficios sean valorados suelen compartir algunas prácticas clave:

  • Repetir el mensaje en distintos momentos del año, sin saturar.
  • Usar ejemplos concretos y situaciones reales.
  • Segmentar la comunicación según etapas de vida y necesidades.
  • Aprovechar momentos clave, más allá del onboarding.
  • Escuchar: medir dudas frecuentes, nivel de uso y percepción real.

Comunicar beneficios no es una acción puntual, sino un proceso continuo. Y cuanto más clara y cercana es esa comunicación, mayor es el impacto.

Cómo Pluxee ayuda a que los beneficios se entiendan, se usen y se valoren

Hoy, uno de los grandes desafíos no es sumar más beneficios, sino lograr que los existentes sean simples, coherentes y fáciles de usar. Cuando cada beneficio funciona de manera distinta y se comunica de forma aislada, la experiencia se fragmenta y el valor se diluye.

El enfoque de Pluxee apunta justamente a reducir esa complejidad. En lugar de soluciones desconectadas, propone un ecosistema de beneficios corporativos para empleados con un solo proveedor, donde distintas necesidades conviven bajo una misma lógica. 

Para la empresa, esto se traduce en una gestión más simple y ordenada, con menos fricción operativa. Para el colaborador, en beneficios fáciles de entender, usar y valorar, aceptados en una amplia red de comercios y coherentes entre sí.

Beneficios como Pluxee Alimentación, que acompaña el gasto diario en comidas; Pluxee Educación, pensados para cubrir gastos escolares en momentos clave del año; o Pluxee Gift, orientado a reconocimientos, celebraciones o premios por resultados, se integran con naturalidad a la experiencia diaria. No requieren largas explicaciones ni interpretaciones complejas: el valor se entiende desde el primer uso.

Cuando un beneficio es claro y fácil de usar, deja de ser un costo y se convierte en una inversión que genera valor real.

Comunicar mejor también es cuidar la inversión

Desde la mirada financiera, un beneficio mal comunicado es una inversión subutilizada.

Desde la mirada de personas, es una oportunidad perdida.

Hoy, el desafío para las empresas no pasa solo por tener una buena propuesta de beneficios, sino por asegurarse de que esa propuesta se viva como tal. Porque en el contexto laboral actual, un beneficio mal comunicado no es neutro: puede generar distancia, desgaste y frustración.

Comunicar mejor no es decir más. Es decir mejor.

Y esa decisión, lejos de ser operativa, es profundamente estratégica.

 

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