Productividad en el trabajo: 5 hábitos para trabajar con más energía

Mujer profesional celebrando resultados frente a su computadora en la oficina, mostrando gráficos de productividad laboral.

Hablar de productividad en el trabajo suele asociarse con eficiencia, resultados o métricas de desempeño. Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que hay un factor igual de importante que muchas veces pasa desapercibido: la energía con la que las personas atraviesan su jornada laboral. Cuando la energía cae, también lo hacen la concentración, la motivación y la capacidad de tomar decisiones, afectando directamente la productividad laboral.

Hábitos que encontrarás en esta nota para trabajar con más energía:

  • Empezar el día con un ritual claro que ordene prioridades.
  • Trabajar en bloques de concentración para reducir interrupciones.
  • Incorporar pausas estratégicas que ayuden a recuperar energía.
  • Cuidar la energía física con alimentación y movimiento durante la jornada.
  • Respetar los límites entre trabajo y descanso para sostener el rendimiento.

Aunque estos hábitos pueden parecer simples, distintos estudios sobre bienestar laboral coinciden en que la forma en que las personas gestionan su energía impacta directamente en su productividad. De hecho, investigaciones de Gallup muestran que los colaboradores con mayor bienestar y equilibrio en su jornada presentan niveles significativamente más altos de compromiso y desempeño.

A continuación, cinco hábitos respaldados por investigaciones que pueden ayudar a mantener la energía durante la jornada laboral y mejorar la productividad.

1. Empezar el día con un ritual claro para mejorar la productividad

Para muchas personas, el día laboral comienza de forma bastante parecida: abrir la computadora, revisar correos, responder mensajes y entrar rápidamente en una dinámica de urgencias.

El problema es que empezar el día reaccionando a lo que aparece suele dispersar la atención desde el primer momento.

Investigaciones publicadas en Harvard Business Review señalan que cuando las personas comienzan la jornada con un breve momento de planificación, mejora la claridad mental y aumenta la sensación de control sobre el trabajo.

No se trata de una planificación compleja. A veces alcanza con algo muy simple: dedicar cinco o diez minutos a definir cuáles son las tres tareas más importantes del día.

Pensemos en una situación habitual en muchas empresas. Un profesional llega a la oficina, revisa el correo y encuentra diez mensajes nuevos. Empieza a responderlos y, sin darse cuenta, ya pasó una hora. Luego aparece una reunión, después otra… y el día avanza sin haber tocado las tareas que realmente requerían concentración.

En cambio, cuando la jornada comienza con una pequeña pausa para ordenar prioridades, es mucho más probable que las tareas clave encuentren espacio.

Este tipo de ritual también ayuda a resolver una pregunta que muchas personas se hacen con frecuencia: cómo motivarse en el trabajo cuando el día parece lleno de pendientes. Ver avances concretos en las tareas importantes genera una sensación de progreso que alimenta la motivación.

2. Trabajar en bloques de concentración

Uno de los principales enemigos de la productividad laboral es la interrupción constante.

Correos que llegan cada minuto, mensajes en herramientas internas, notificaciones del celular o reuniones que aparecen en el calendario. En ese contexto, el multitasking parece inevitable.

Sin embargo, varias investigaciones muestran que cambiar de tarea constantemente exige un esfuerzo mental considerable. Cada interrupción obliga al cerebro a reorganizarse y recuperar el foco.

Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que el multitasking reduce la capacidad de concentración y afecta la memoria de trabajo. Por su parte, investigaciones citadas por Microsoft indican que las interrupciones frecuentes pueden reducir significativamente la productividad.

Por eso, cada vez más equipos adoptan una estrategia simple pero efectiva: trabajar en bloques de concentración.

La idea es dedicar períodos definidos —por ejemplo, de 60 a 90 minutos— a una tarea específica, evitando distracciones. Durante ese tiempo se silencian notificaciones y se pospone la revisión de correos.

Luego, se toma una pausa breve antes de comenzar el siguiente bloque.

Muchas personas descubren que con este método logran avanzar más en menos tiempo. Y, quizás más importante, terminan el día con menos sensación de agotamiento mental.

3. Hacer pausas estratégicas durante el día

Existe una creencia bastante instalada en el mundo laboral: que tomar pausas significa perder tiempo. Sin embargo, la ciencia sugiere lo contrario.

El cerebro humano no está diseñado para mantener niveles altos de concentración durante muchas horas seguidas.

Investigaciones sobre rendimiento cognitivo indican que el foco mental suele mantenerse durante ciclos de aproximadamente 90 minutos, después de los cuales la atención comienza a caer. Sin pausas, lo que ocurre es una disminución progresiva de la energía y la claridad mental.

Por eso, uno de los hábitos saludables en el trabajo más efectivos es incorporar pausas breves a lo largo de la jornada.

No se trata de detener el trabajo durante largos períodos. A veces alcanza con acciones muy simples:

  • Levantarse del escritorio por unos minutos
  • Caminar un poco
  • Tomar agua o un café
  • Conversar brevemente con un colega
  • Hacer un estiramiento breve

Estos pequeños momentos permiten recuperar energía mental y volver al trabajo con mayor claridad.

Si pensamos en la rutina de muchos equipos, la diferencia es evidente. Hay días en los que las personas pasan horas frente a la pantalla sin levantarse, enlazando reunión tras reunión. Al final de la jornada aparece el cansancio, pero también la sensación de haber sido poco productivos.

Incorporar pausas estratégicas puede parecer un detalle menor, pero a largo plazo tiene un impacto directo en la productividad.

 

¿Cómo implementar habitos saludables en el trabajo que potencien la productividad laboral?

 

 

4. Cuidar la energía física: alimentación y movimiento

Cuando se habla de rendimiento laboral, muchas veces se piensa únicamente en habilidades cognitivas. Sin embargo, la energía mental está profundamente conectada con la energía física.

La alimentación es un buen ejemplo.

Saltarse comidas o almorzar de forma apurada puede provocar caídas de energía que afectan la concentración durante la tarde. Según distintos estudios sobre nutrición laboral y bienestar, una alimentación equilibrada durante la jornada ayuda a mantener niveles más estables de energía y concentración.

Por eso, cada vez más empresas están incorporando iniciativas que facilitan el acceso a la alimentación durante el día.

En Uruguay, por ejemplo, beneficios como Pluxee Alimentación permiten que los colaboradores cuenten con una tarjeta destinada a la compra de alimentos. Esto no solo simplifica el acceso a comidas durante la jornada laboral, sino que también contribuye al bienestar cotidiano.

Más allá del beneficio en sí, este tipo de iniciativas envía un mensaje importante: el bienestar diario de las personas también forma parte de la experiencia laboral.

Y cuando las empresas acompañan estos aspectos del día a día, también crean condiciones que favorecen una mayor productividad laboral.

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5. Respetar los límites entre trabajo y descanso

En un contexto donde la tecnología permite estar conectados todo el tiempo, separar el trabajo del descanso se volvió cada vez más difícil.

Sin embargo, el descanso cumple un rol fundamental en el rendimiento.

La Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como un fenómeno asociado al estrés laboral crónico. Cuando la recuperación mental no existe, el agotamiento termina afectando tanto el bienestar como la productividad.

El descanso no solo ocurre fuera del horario laboral. También incluye hábitos como:

  • Evitar revisar correos a última hora de la noche
  • Respetar momentos de desconexión
  • Dormir las horas necesarias para recuperarse

Cuando el descanso se vuelve parte de la rutina, el impacto se nota rápidamente: mayor claridad mental, mejor capacidad de decisión y más energía para enfrentar los desafíos del trabajo.

La energía de los equipos también es una decisión organizacional

Aunque los hábitos individuales son importantes, las personas no trabajan en el vacío. Lo hacen dentro de una cultura organizacional que puede facilitar —o dificultar— estos comportamientos.

Si las agendas están llenas de reuniones durante todo el día, resulta difícil encontrar bloques de concentración. Si el reconocimiento es escaso, la motivación tiende a disminuir con el tiempo.

Por eso, cada vez más empresas entienden que la productividad también depende de crear entornos de trabajo que cuiden la energía de las personas.

En ese sentido, los beneficios corporativos cumplen un rol clave.

Soluciones como:

  • Pluxee Alimentación, que acompaña el bienestar cotidiano a través de la alimentación;
  • Pluxee Gift, que permite reconocer logros y celebrar momentos importantes dentro de los equipos;
  • Pluxee Educación, que ayuda a los colaboradores con hijos a afrontar gastos escolares como útiles y materiales;

Son herramientas que contribuyen a mejorar la experiencia de los equipos y a acompañarlos en distintos momentos de su vida.

Cuando las organizaciones incorporan este tipo de iniciativas, no solo están ofreciendo beneficios. También están construyendo un entorno donde las personas pueden trabajar con mayor bienestar, motivación y energía.

Más energía, mejores resultados

En un contexto donde muchas organizaciones buscan mejorar su desempeño, puede parecer lógico pensar que la solución es trabajar más horas o acelerar el ritmo.

Sin embargo, cada vez más investigaciones coinciden en una idea simple: los equipos que sostienen niveles saludables de energía son también los que logran mejores resultados a largo plazo.

Pequeños cambios en la rutina —planificar el día, trabajar en bloques de concentración, tomar pausas, cuidar la alimentación y respetar el descanso— pueden parecer simples. Pero cuando se incorporan de forma consistente, generan un impacto real.

Y cuando estos hábitos se combinan con una cultura organizacional que promueve el bienestar, la ecuación cambia por completo.

Porque al final, mejorar la productividad no se trata solo de hacer más cosas. Se trata de crear las condiciones para que las personas puedan trabajar mejor, con más energía y motivación cada día.

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